¿realmente vale la pena soñar?

Voy a contarte una historia que sucedió en mi infancia cuando aprendí a soñar sin renunciar a la realidad

Cuando tenía 8 años yo ya sabía exactamente lo que quería ser en la vida: conocer el mundo, ser una princesita, hablar muchos idiomas, y ser muy famosa. Simplemente lo quería. “I want it, I got it”, a lo Ariana Grande.

Reconozco que era ambiciosa, soñadora y amaba que me preguntaran cosas sobre el futuro, como si tuviera la certeza de que las cosas iban a suceder tal cual soñaba, curiosamente mi abuela paterna se ganaba la vida leyendo las cartas , lastimosamente nunca la conocí; falleció antes de que yo naciera. Sin embargo, la familia cuenta que antes de morir ya había profetizado que mi papá iba tener una nena (yo) ¿como es la vida no?

Hoy leo cartas Tarot como hobby, y siempre acierto. Quiero creer que es mi abuela guiándome del cielo, y no mi irremediable necesidad de querer descifrar el futuro. Pero bueno, conforme fui creciendo, percibí que me gustaba mucho leer y escribir.

Ya a mis 9 años me regalaron mi primera agenda: La Pascualina. Era una editorial chilena y, en esa época, era una agenda muy popular. Yo rogaba por tener una; literalmente, YO QUERÍA ser esa mujer.

Para los que no la conocen, Pascualina era una joven en sus 20s que viajaba por el mundo.

Y si ella podía hacerlo, ¿por qué yo no?

De alguna forma, a las niñas que crecimos leyéndola nos sembró algo muy profundo, el deseo de viajar y la sensación de que había algo más allá de escribir en esas agendas, y sin querer aprendi a manifestar mi vida.

A los nueve años hice una lista…

Escribí conocer muchos países, recuerdo haber escrito como nº 1 Brasil.

No tenía dinero. Nunca había salido del Perú, creci en Iquitos, una ciudad pequeñita alejada de toda civilizacion, con un internet super lento que ni servia, pagaba el cyber una hora y cuando por fin abria la pagina ya casi se habia acabado el tiempo. Ni siquiera sabía cómo iba a lograr alguna de esas cosas como viajar . Pero las escribí en mi diario, porque algo dentro de mi me decia que sí era posible.

Tengo un mantra que siempre me repito y ojalá les sirva :

si puedes soñarlo, puedes hacerlo, porque si dios puso esa semilla en mi corazon, es porque lo puedo lograr…

si puedes soñarlo, puedes hacerlo, bitch
mi cuarto 2015-2021

Recuerdo que insistía mucho a mis padres. Los comprometía y les decía que todos mis amigos ya sabían que por mis 15 años iba a viajar a Disney, que iba a ir en un crucero o que iba a conocer Europa.

No sé por qué rayos me metí en la cabeza que cumplir 15 años era sinónimo de pedir un deseo, de esos que abres la boca y se cumplen. Tal vez porque estudié en un colegio pituco donde muchos tenían dinero, y yo también crecí creyendo que lo tenía.

La realidad fue otra.

No teníamos dinero. Mis padres estaban ahorrando y pagando deudas. Cuando finalmente supe que ni siquiera iba a tener fiesta de quince años, claro que me dolió. Lloré mucho.

Pero me regalaron una cámara Nikon. Mis padres alquilaban una casa a unos alemanes y les pidieron, como favor, que me compraran una cámara como regalo de 15 años. Los gringos apuntaron alto y me trajeron una profesional. No les quedó otra a mis papás que pagarla. Creo que ellos imaginaban una camarita digital sencilla, pero este gringo apuntó demasiado alto. Te amo, gringo.

Hoy todavía la conservo con muchísimo cariño y sigue siendo mi compañera de viajes.

El no poder viajar en esa época no me detuvo. Todo lo contrario, diseñé un plan de vida para que algún día pudiera conocer uno de los países de esa lista.

¿Y adivinen qué?

Decidí viajar a Lima, la capital del Perú, para estudiar Medicina a los 16 años. Hoy soy médica.

En el camino me uní a un grupo de estudiantes que realizaba medicina preventiva. Dábamos charlas en las playas, repartíamos preservativos un día antes de San Valentín, enseñábamos a leer electrocardiogramas, entre muchas otras actividades. Poco a poco fui acumulando puntos para realizar mi primer intercambio estudiantil en Brasil.

Fue mi primer viaje al extranjero. Me lo gané. Viajé completamente sola a los 19 años. Cuando estuve allí, jamás imaginé que cinco años después me mudaría a São Paulo, trabajando como médica.

Entonces sí.

Sí creo que vale la pena soñar. Escribir esta historia desde São Paulo me da mucha paz. Me recuerda que, aunque hoy no tengas las herramientas, puedes construirlas. A mí me tomó aproximadamente ocho años cumplir aquel sueño de conocer muchos países. Hace apenas dos meses estuve en China. Sí, en China jugando un rato sobre la Gran Muralla.

Cuando uno es niño sueña muchísimo. Luego crece y se encuentra con realidades que chocan, que duelen y que pueden hacernos tomar decisiones para bien o para mal.

En mi caso, yo quería viajar a los 15 años. Podría haber esperado que mis padres me compraran un pasaje al extranjero. En cambio, decidí estudiar una carrera que me apasiona hasta el día de hoy. Y, curiosamente, ese otro camino no solo me permitió desarrollarme como médica, sino también cumplir muchos de mis sueños.

Creo que la niña de ocho años nunca dudó de que lo lograría. Probablemente hoy me diría:

—¿Viste? Te dije que sí podías.

La que todavía sigue sorprendida es mi yo de 28 años.

Es verdad que no todos partimos desde el mismo lugar. Algunos lo tenemos más fácil que otros. Pero no quiero entrar en el debate de los privilegios, porque cada historia es distinta.

sé lo suficientemente humilde para reconocer el punto en donde partes. Acepta que no lo sabemos todo o que no lo tenemos todo, ese no es un defecto, ese es el punto de partida , luego apunta a dónde quieres llegar (tus sueños)

Evita compararte con los demás, nadie es igual que tu. Por eso creo que las metas son personales. Traza tu punto de partida. Empieza desde ahí. Y mientras más lejos llegues desde ese lugar, más orgulloso te sentirás de ti mismo.

solo tenemos esta vida como para rendirse al primer intento. Quizá esa sea una de las claves del éxito.

Te mando un fuerte abrazo.

Gracias por leerme.

Espero que esta entrada pueda motivarte a soñar y a reconectar con ese niño o esa niña que un día creyó que todo era posible.

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